Grupo Alicantino de
Montaña

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SEGURIDAD EN MONTAÑA

Meteorología

Aunque desde aquí carecemos de datos estadísticos, pese a lo que pueda parecer, nuestra experiencia (leyendo los periódicos) nos indica que la mayor parte de las noticias luctuosas relacionadas con la montaña, no vienen de las actividades más aparentemente arriesgadas, sino que están en relación directa con la meteorología. En concreto con los cambios de las condiciones meteorológicas.

La mayor parte de los accidentes en barrancos, por ejemplo, no se producen por roturas de rápeles, sino por repentinas crecidas que dejan atrapados grupos enteros. Súbitos cambios con drásticas bajadas de temperatura y fuertes nevadas se cobran todos los años más de una víctima en nuestro país. Igual que las fuertes tormentas con aparato eléctrico, que atrapan a montañeros y escaladores. Estos fenómenos, de relativa previsivilidad, aderezados con inexperiencia, imprudencia, falta de equipo adecuado y exceso de audacia son la principal causa de muertes en la montaña.

Observar y Predecir

La manera, en principio, más sencilla de predecir el tiempo que va a hacer en las próximas horas es consultar los partes meteorológicos. Existen numerosas páginas en Internet con predicciones de este tipo. También teléfonos. Y en los refugios os podrán facilitar las última actualizaciones con bastante detalle. Pero la meteorología no es una ciencia exacta (eso, aquí en Asturias lo sabemos bien).

Otra fuente importante de conocimiento son las gentes del lugar, y cuanto más ancianas mejor. Aunque claro, siempre estamos a merced de que nuestro informador se haya tomado unos vinos, no le apetezca salir al campo a trabajar, o simplemente, se las esté dando de sabio y nos coloque un farol que nos complique la vida. Hasta aquí, es todo una cuestión de fe. Algo un poco más complicado pero puede que bastante más fiable, es observar el comportamiento de determinados animales. Ganado, pájaros, insectos y reptiles pueden actuar como auténticos barómetros, gracias a esa cosa que se ha dado en llamar instinto. Se dice que cuando las vacas se tumban en el prado, es símbolo de lluvias. Y el aumento de actividad de algunos insectos voladores (sobre todo mosquitos y esas pesadas hormigas aladas) indica con bastante fiabilidad la formación de una tormenta (no necesariamente con electricidad).

Por eso tener unos ligeros conocimientos de los fenómenos atmosféricos más significativos, y ponerlos en práctica siempre que podamos para coger experiencia, es un criterio adicional de bastante utilidad.

Nubes

El aire en la atmósfera contiene un porcentaje variable de humedad. La cantidad de humedad que una masa de aire es capaz de asimilar es variable con la presión y la temperatura. Normalmente, cuanto más frío está el aire, menor será la capacidad de retener humedad. Cuando se alcanza la máxima humedad admisible, el vapor de agua se condensa en forma de minúsculas gotitas o cristales de hielo, aprovechando para ello las partículas de polvo en suspensión. Esto es lo que da lugar a una nube.

En función de las condiciones atmosféricas, las nubes tendrán un aspecto, desarrollo, densidad y tamaño diferentes, y podrán ser origen de precipitaciones ligeras, copiosas, tormentosas, o no producir precipitación alguna. Conocer los tipos de nubes y sus características, nos servirá de gran ayuda a la hora de realizar nuestras predicciones sobre la evolución de la climatología local.

Nubes altas (más de 5000 m)

Cirros Cirrocúmulos Cirroestratos

Nubes medias (entre 2500 y 7000 m)

Altocúmulos Altoestratos Nimboestratos

Nubes bajas (menos de 2500 m)

Estratocúmulos Estratos Cúmulos Cumulonimbos

Rayos

Las nubes en su desarrollo adquieren un potencial eléctrico creciente. El aire es un excelente aislante, pero sometido a una diferencia de potencial lo suficientemente elevada, se ioniza y entonces se convierte en un conductor capaz de transmitir potentes descargas entre nubes, o entre estas y el suelo. Es lo que llamamos un rayo. El calentamiento repentino del entorno de la descarga hace que el aire se expanda súbitamente, dando lugar al sonido seco del trueno.

Normalmente, las descargas caen sobre los puntos prominentes, y si son afilados, peor. Pero la cosa no acaba aquí. La descarga que llega a tierra se transmite radialmente aprovechando los caminos de menor resistencia. Estas corrientes de tierra son tan peligrosas como las descargas directas. A medida que nos alejamos del punto de la descarga, por efecto de la resistividad del suelo y la difusión, se debilitan y disipan.

Contra la descarga directa, lo mejor es alejarse de crestas y aristas, y buscar la parte baja de los valles con la mayor celeridad posible. Y ya se sabe, nada de refugiarse debajo de ese roble solitario.

Evitar las corrientes derivadas por el terreno es algo más complicado. Básicamente tenemos que tener en cuenta dos cuestiones. La primera es que las corrientes necesitan un punto de entrada y otro de salida. Dado que tenemos dos piernas, es complicado evitar este punto. La otra cuestión es que cuanta más diferencia de potencial exista entre el punto de entrada y el de salida, más intensa será la corriente que recorrerá el conductor (en este caso, nosotros). Es lo que se conoce como tensión de paso. Por esta razón, los animales cuadrúpedos son bastante más sensibles que nosotros. Simplemente porque la distancia entre sus patas traseras y delanteras es mayor. Por tanto, nada de tumbarse en el terreno, pero tampoco nada de apoyarse con las manos, y los pies, cuanto más juntinos, mejor.

Huir de los caminos naturales de las corrientes es muy importante. Por eso trataremos de no quedarnos en  agujeros u oquedades, separarnos de las paredes y nunca guarecernos en pequeñas cuevas. Intentar situaros en lugares secos y lisos, y aislaros del suelo mediante la mochila, la cuerda o una roca suelta.

Separaros de las piezas metálicas (bastones, piolets, etc.) No es que atraigan los rayos, pero son excelentes conductores. Sería como enchufaros a la pared. Si tenéis que encordaros, hacedlo lo más lejos que podáis del corazón; es el órgano más sensible a la corriente eléctrica. Mejor ataros al tobillo, y colocar la cuerda perpendicular al sentido de las grietas y fisuras.

Como en todo, procurad no perder la calma y, mi consejo particular, no esperéis a tener la tormenta encima. Si empezáis a escuchar truenos a lo lejos, tratad de buscar un refugio seguro y no os metáis en mayores complicaciones. Cada tres segundos transcurridos entre el relámpago y el trueno, implican aproximadamente un kilómetro de distancia respecto a la tormenta.

Recordad también que las corrientes de aire puede atraer los rayos. Procurad alejaros de las chimeneas y cerrad las ventanas. Los vehículos son lugares muy seguros si están cerrados.

Niebla. Orientarse a ciegas

(Extracto de los artículos publicados en los números 180 y 181 de la revista Desnivel)

La niebla no es en si misma un peligro, pero puede puede ser la causa que nos haga perdernos fácilmente y meternos en un lío. Ante la niebla, lo mejor es la prudencia. Lo mejor es no salir al monte, pero si nos pilla por sorpresa, y no sabemos con seguridad dónde estamos o a dónde nos dirigimos, lo mejor es permanecer quietos, y esperar a que se disipe. En caso de que sea peor permanecer quietos, lo más lógico es seguir hacia el fondo de los valles siguiendo algún curso de agua, lo que probablemente nos acabe sacando a algún pueblo. Pero también nos puede conducir hacia algún barranco o precipicio peligroso. Así que cuidado con improvisar.

La única forma de orientarse en caso de niebla cuando no conocemos el terreno, o en ausencia de referencias es mediante la brújula y el plano. Es de gran ayuda ir tomando referencias y rumbos durante la subida, que nos puedan guiar en el regreso, utilizando para ello, rocas, árboles, paredes, etc. Sobre todo en los lugares que estimemos que puedan ser más conflictivos.

Es un método muy rápido y útil para saber de forma aproximada el lugar en el que estamos. No obstante, exige que ya tengamos un conocimiento previo de la zona. Para ello, vamos siguiendo un línea localizada en el mapa (una cresta, un río, un camino marcado, etc.)  o bien, si somos capaces de identificarla, una curva de nivel. Entonces leemos con la brújula el acimut en el que nos encontramos, y tratamos de llevar una paralela a dicha dirección sobre el mapa, hasta hacerla tangente a la línea que seguimos. Para que sea fiable, requiere repetir varias veces la medición, y a ser posible, en lugares donde la línea identificada en el mapa haga cambios bruscos.

Con frecuencia, cuando las condiciones de visibilidad por la niebla y/o la nieve son malas, seguir el camino normal de un días con buena visibilidad puede ser bastante complicado, y empeñarnos en seguir ese itinerario nos puede ocasionar la pérdida total. Por eso es conveniente preparar un itinerario de emergencia que, aunque pueda resultar más largo, nos conduzca fácilmente de un punto de referencia a otro, sorteando los peligros principales.

En estos casos puede ser incluso conveniente desviarnos de nuestro objetivo, para encontrarnos con alguna referencia o línea identificable, que nos pueda conducir al destino de forma segura y fiable. Si tratásemos de alcanzar el objetivo directamente y no acertásemos, nunca sabríamos si lo hemos dejado a un lado u otro. Sin embargo, si nos desviamos intencionadamente, es posible que localicemos una cresta, un río, un valle, un camino o una curva de nivel que podamos seguir sin complicación y nos guíe directamente.

Método del itinerario por tramos y del error intencionado

Para poder aplicar el método del itinerario por tramos, si no contamos con la ayuda de alguna referencia física, será necesario seguir el rumbo utilizando la brújula únicamente. Esta maniobra es más complicada de lo que en principio pueda parecer, ya que la irregularidad del terreno y la existencia de numerosos obstáculos nos impedirán seguir una trayectoria más o menos recta, por lo que necesariamente hemos de verificar continuamente nuestro rumbo. Esta maniobra de realineación, puede realizarse de diversas maneras:

Realineación directa: el que maneja la brújula, envía al compañero hacia adelante hasta donde alcance la vista, corrigiendo su rumbo sobre la marcha. Una vez llegado al punto más lejano visible, esta persona se detiene y sirve de referencia para el resto del grupo. Este método es relativamente fiable, pero muy lento.

Realineación inversa: en este caso es el que maneja la brújula el que se adelanta, con ella en la mano, siguiendo la dirección correcta hasta el límite de la visibilidad. Una persona se habría quedado en el punto de origen haciendo de referencia. Una vez que el operante hubiese llegado al límite, se giraría y corregiría su rumbo respecto a la referencia. Ahora el guía puede continuar, mientras el compañero que sirve de referencia avanza hasta este punto. Así se consigue ahorrar tiempo, y además, el guía responsable camina siempre en cabeza del grupo.

-    Realineación en solitario: esta situación es muy desaconsejable, pero cuando no quede más remedio que avanzar en solitario a ciegas en la niebla, tendremos que verificar continuamente nuestro rumbo con la brújula. Avanzaremos con ella en la mano, tratando de localizar referencias en el horizonte que nos puedan servir de ayuda. Para mejorar la precisión de nuestra medida es aconsejable emplear un bastón alineado con la brújula, o servirse de las espátulas de los esquíes, en caso de avanzar con ellos calzados.

-    Ascenso en fuertes pendientes: en este caso, seguir un rumbo fijo es imposible, al tener que avanzar en zig-zag. En este caso es aconsejable procurar seguir el mismo ángulo de marcha en las diagonales a ambos lados, y tratar de hacerlas de igual longitud, contando el número de pasos. Hacer el mismo número de diagonales a cada lado y comprobar la dirección por realineación inversa, dejando referencias en el centro de las diagonales, o simplemente, a partir de las huellas.

 

-    Superar un obstáculo: cuando se trate de un obstáculo pequeño que permita ver de un lado a otro del mismo, bastará con dejar una referencia o jalón de un lado, y realizar una realineación inversa desde el otro. Pero esto no siempre será posible, y entonces tendremos que acudir al método de los ángulos de desvío. Para ello comenzamos a rodear el obstáculo desviándonos un ángulo dado de nuestro rumbo (por ejemplo 30º) y contando los pasos que vamos dando, hasta llegar a un punto en el que podamos retomar nuestra dirección inicial, superando al obstáculo. Una vez pasado éste, debemos regresar a nuestro rumbo original, desviándonos un ángulo contrario al primero (ahora serían -30º) y avanzando una distancia igual ala cubierta en la primera diagonal.

En toda esta sección, es necesario tener en cuenta que la orientación en montaña debe practicarse con la mayor frecuencia posible y el mayor rigor, para que llegado el caso, podamos aplicar estas teorías con un buen grado de fiabilidad. Además, es necesario tener en cuenta que la puesta en práctica de cualquiera de ellas, conlleva un retraso importante, que puede multiplicar los tiempos empleados  por 3 o incluso por 4, respecto a los mismos itinerarios en condiciones de buen tiempo.

 

 

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