Grupo Alicantino de
Montaña

MONTE PERDIDO  

FICHA TÉCNICA DE LA ASCENSIÓN

Acceso:

Desde Torla se sigue la ruta A137 hacia el valle de Ordesa, pasando el Puente de los Navarros (2,5 km. Desde Torla) y girando a la derecha para entrar en el valle del Arazas y ganar el llano de la Pradera de Ordesa (7 km. desde Ordesa).

Una vez allí sólo resta seguir el inevitable sendero hasta llegar a la Cola de Caballo. Desde la Cola de Caballo subiremos por las interesantes clavijas. Pasando este pequeño escollo y siguiendo las marcas de la GR-11,llegaremos sin pérdida al Refugio de Goriz.

Desnivel:

Desde la pradera de Ordesa y hasta el refugio:885 m.

Desde el refugio a la cima:1170 m.

Pernocta y avituallamiento:

Torla es la última población con todos los servicios. El refugio de Goriz está guardado todo el año con una capacidad de 96 plazas. Posee servicio de cocina.

Cartografía:

“Randonnées” Nº 4, Bigorre, 1/50.000

I.G.N. Nº 1748-Ouest, Gavarnie, 1/25.000

Alpina “Ordesa-Monte perdido”

Tiempo de ascensión:

4 horas.

 

Comenzaba el alumbramiento de una nueva primavera en los Pirineos. Corrían los primeros días de junio y aún se notaba el gélido aire de las montañas pirenáicas. Solamente por debajo de los 2000 metros empezaban a despuntar tímidamente los primeros brotes de hierba entre la frágil nieve; nieve de la que se intuía su inminente agonía.  

Entre este delicado paraíso se erguía una majestuosa y esbelta diosa. Se trataba de la Gran Montaña,la más visitada,la más querida por todas sus leyendas,la que arropaba en su seno uno de los pocos glaciares que seguía luchando contra la adversa climatología ,sabiendo que su muerte segura estaba cada vez más cercana.

Desde la entrada del refugio de Góriz, aunque no se divisaba la cima de Monte Perdido si que se podía intuir toda la ascensión hasta su cima, como si la hubieras realizado mil veces, al igual que podías ver como una fotografía en tu mente la delicada Escupidera; inclinadísima ladera que fugaba a un precipicio de más de 100 metros. A pesar de que no conllevaba ninguna dificultad técnica, era temida y respetada por todos los montañeros que aún le quedaba un gramo de cerebro y cordura.  

   Despuntaban los primeros reflejos de sol entre el frenético y sordo ajetreo del refugio. Todos los montañeros se apresuraban a montar sus mochilas y a desayunar para salir los primeros y aprovechar el mejor estado de la nieve.

   Para realizar la ascensión a Monte Perdido, no se necesitaba ni una extraordinaria forma física ni un alto grado técnico de alpinismo. Sólo era necesario mucho sentido común y un profundo amor a la montaña, para poder

disfrutar de una magnífica ascensión como si fuera la última que fueras a realizar.

  Mi amigo Fernando y Yo estábamos preparados. Las mochilas habían sido ultimadas hasta el más mínimo detalle. Teniendo en cuenta que era nuestra primera ascensión seria, no podíamos cometer ningún error. La adrenalina se podía respirar a nuestro alrededor. En nuestro entorno brotaba un nerviosismo que era difícil de controlar. La respiración era cada vez más rápida y más profunda. La concentración era la nota más destacada en ese preciso instante.

   Sabíamos que hasta que no nos pusiéramos los crampones y estuviéramos pisando nieve, nuestra inquietante ansia no cesaría.

Por fin cruzamos el umbral de la puerta del refugio. En el exterior el aire era limpio y gélido. Esa mañana tuvimos suerte ;el cielo y la montaña parecía que se habían aliado para que nuestra ascensión se convirtiera en una experiencia con un encanto y una belleza tan abrumadora que penetrase en nuestras mentes para no poder salir jamás.  

Desde el refugio, a una altura de 2.185 metros, sólo podíamos ver un grandioso centinela que nos servía de referencia, se trataba del Cilindro del  Marboré, que con sus 3.325 metros era una de las protagonistas de la encantadora leyenda de Las Tres Sorores.      

Sin más dilación emprendimos nuestro primer tramo hacia la cima. Tendríamos que superar un desnivel de unos 800 metros hasta el Lago Helado.

Este primer trecho no conllevaba ningún tipo de complicación. Se trataba de una subida de unas dos horas, que teniendo siempre como referencia el Cilindro, nos serviría para ir calentando los músculos y disfrutar de las impresionantes paredes de este macizo.

Una vez alcanzado el Lago Helado a una altura de 2.980 metros quedamos sobrecogidos ante la magnitud del escenario que se nos brindaba ante nuestros desbordados ojos.

A nuestra izquierda la grandiosa y vertical pared del Cilindro. Justo en frente nuestra el Lago Helado, que aún permanecía dormido bajo una espesa capa de nieve, y el collado del Cilindro, que se abría como una puerta enorme dando paso a la cara norte del Perdido. Y a nuestra derecha, y por primera vez, se elevaba desafiante el ansiado corredor que nos conduciría sin ningún tipo de equivocación hasta la cima.  

 

  

Tras reponer fuerzas con unos frutos secos y una necesaria hidratación, podemos contemplar con más tranquilidad y serenidad la majestuosidad de aquel paisaje.

   Desde el Lago Helado y hasta la cima del Perdido tendríamos que enfrentarnos a un desnivel de375 metros.  Un primer tramo que nos llevaría hasta la escupidera, transcurre por un espolón que delimita al corredor por la derecha.  

 

Ya al inicio de afrontar la Escupidera empezamos a entender el por qué de la lamentable fama que atesora este tramo. Este segundo trecho de canal la única dificultad que le atañe, es una inclinación de 35° muy incómoda y peligrosa cuando está cubierta de nieve, ya que un resbalón o tropiezo nos llevaría a un precipicio sin posibilidad de frenar.

   Superado este último escollo de cierta dificultad, llegaremos al collado entre Monte perdido y su hombro N, que subiendo una última y corta pechada nos encontraremos en la anhelada cima de Monte Perdido.

    Lo que parecía un sueño hacía cuatro horas se había convertido en realidad.

   Toda la ilusión que llevábamos dentro había explotado en décimas de segundo haciendo mágico todo el sufrimiento que habíamos soportado y envenenándonos de la deliciosa pócima de las montañas.  

 

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