Grupo Alicantino de
Montaña

PICO ANETO (3404 m.)

Apenas había dormido un par de horas gracias a los rugidos que, en cada inspiración, emitía el individuo que plácidamente dormía a mi lado. Eran las cinco de la mañana y el tintineo delos cacharros de cocina en el comedor y de los crampones en la puerta del refugio anunciaban el alba. 

Preparamos las mochilas acompañados por el irritante sonido del generador de gas-oil de La Renclusa. La ilusión por ascender la cima más alta de esta maravillosa cordillera me hizo olvidar el déficit de sueño y comenzamos a subir entre nieves y rocas hacia el Portillón Superior. Con los primeros rayos de sol el manto nival adquirió una tonalidad anaranjada, mientras en el horizonte se elevaba silenciosamente unglobo aerostático. Al recordarlo todavía siento envidia por las perspectivas que sólo sus ocupantes debieron contemplar desde aquella móvil y etérea atalaya.

A pesar de que las Maladetas quedaban parcialmente ocultas por las nubes, al amanecer decenas de montañeros iniciaron la ascensión aquel domingo. Llegados al Portillón nos decepcionó comprobar que la niebla se había instalado en la mitad superior del glaciar.  

Guiados por la evidente huella y con escasa visibilidad nos adentramos en la nube y comenzó a llover. La temperatura apenas superaba los cero grados y a medida que avanzábamos fuimos testigos de la retirada de la mayoría de los montañeros que partieron esa mañana con nuestro mismo objetivo. En el collado de Coronas fuertes ráfagas de viento dificultaban nuestro avance. 
En la pendiente de nieve que conduce a la cresta cimera la lluvia dio paso a la cellisca y un violento golpe de viento nos arrojó al suelo a una pareja de montañeros franceses y a mí, obligándonos a usar el piolet. El frío, en conjunción con las violentas corrientes de aire, entumecieron mis manos y de espaldas al viento me enfundé los guantes para recuperar movilidad y sensibilidad en los dedos. Estábamos en la primera semana de junio pero las condiciones empezaban a ser invernales. Acometimos el "famoso" paso de Mahoma con la roca mojada pero sin mayores dificultades y sin la sensación de vértigo al quedar obviados por la densa niebla los abismos que se abren a ambos lados de la cresta. No me avergüenza confesar que se me saltaron las lágrimas cuando alcanzamos la cima; ésta era la montaña más grande ascendida por este modesto e incipiente pirineista. Tras las fotos de rigor y animados por el mal tiempo un rápido descenso de dos horas y media nos permitió celebrar la ascensión con un buen vino en el refugio, a la vez que en silencio prometimos volver para disfrutar de los paisajes que los caprichos de la meteorología nos impidieron contemplar.

¡Hasta pronto querido ANETO !

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